Amigos que Vivirán por Siempre…

Que en Paz Descanse Nuestro Querido Amigo Alberto López

Hay personas que pasan por tu vida, dejan su historia y luego se van, pero hay otras que llegan y se quedan para siempre. Alberto López fue como  una roca que nos sirvió de apoyo y de ancla. Estuvo presente en los buenos momentos de nuestras vidas, pero también en los mas difíciles.

Decimos en Cuba que quien tiene un amigo, tiene un central, y es verdad. Yo me siento orgullosa de tener buenos amigos. Los amigos son un bálsamo para el alma. Las amistades sinceras son escasas, y hay que aprender a valorarlas.

Veinte años de amistad en mi caso, y no recuerdo nunca una mala cara, un no, siempre estaba alegre y dispuesto a ayudar en todo momento. La vida fue injusta, y esa horrible enfermedad lo fue consumiendo poco a poco. Para mí aún no se ha ido, conservo su número de teléfono, imaginando que volverá a sonar, y hasta a veces escucho sus escandalosas carcajadas. Asumir la muerte de una amistad es uno de los peores golpes que la vida puede traernos.

Morir Virgen

Una casa de madera, techo de guano, mecedoras, agua para beber en la tinaja. Son pedazos de nostalgia que quedan en mi memoria de cuando visitaba a mis viejitos. Adoraba ir de vacaciones, no solo porque visitaría a mis tías abuelas Orte Sainz, Elsie Sainz, mi tío-abuelo Víctor Sainz, y mi bisabuela Fidelia Hernández, que en paz descansen todos .

Amanecer en Bocas era despertar con el canto de los pájaros, el aroma al café recién colado y sobre todo el amor de mis tíos y bisabuela. Una casa humilde, pero allí todo brillaba, las camas las tendían mejor que un hotel de 5 estrellas y los calderos brillaban como si fueran acabados de comprar, porque mi tía Elsie los limpiaba con arena, quitándoles el tizne después de cocinar con leña. Demás esta decir que todas las Sainz cocinaban delicioso.

Recuerdo que acompañaba al tío Víctor a darle de comer a los animales (cerdos y gallinas), luego íbamos por el río para mover las vacas. Al regresar siempre me compraban prú, una bebida hecha de raíces. Según cuenta la tradición además de ser muy refrescante, posee propiedades medicinales, pero lo que nunca olvido es al señor que lo vendía y pregonaba: “compren, compren el prú de Victorino, que limpia los intestinos, como la flor del futete”.

Ninguno de mis tres tíos abuelos se casaron nunca, ellos se dedicaron a cuidar a su madre, a los hermanos, y a los sobrinos; ayudaban a todos los que podían. Los tres fueron modelos en mi vida, de lo que son personas trabajadoras, cariñosas, bondadosas, humildes, y mucho más. Pero hoy quiero resaltar a mi tía Elsie, ya que su historia siempre me causó admiración y nostalgia. Una mujer hermosísima, con la voz más dulce que nadie ha escuchado, el cutis más perfecto que he visto en mi vida, incluso a sus 80’s, no tenía arrugas, sin cremas caras, eso sí, se protegía muy bien del sol. Dicen que salió una sola vez de la casa por una emergencia con mi bisabuela, y todo el mundo se detenía a mirarla.

Recuerdo que tuvo un novio, un solo novio, y la visitaba una vez a la semana, nunca los dejaban solos. Lo único que recuerdo es que se cogían de las manos, mientras se balanceaban en las mecedoras de la pequeña sala. Mamá Filla (así le llamaba yo a mi bisabuela) mientras vivió se sentaba en otro sillón frente a ellos, luego eran mis tíos quienes los vigilaban. Lo triste de esto es que el señor nunca le propuso matrimonio, y estuvieron de novios hasta que él murió, no recuerdo exactamente cuántos años, pero fueron más de 20. Aunque sé que ella fue muy feliz. Nunca entendí por qué el señor le hizo esto. Puedo afirmar, sin ninguna duda, que mi tía murió virgen.

Nacer en Cuba

La Casa donde nací…

Nacer en Cuba significa mantener siempre una sonrisa sin importar cuan difícil sean los tiempos, significa caer y volverte a levantar, que nunca te detendrás hasta conseguir las metas que te propones, luchar siempre por lo que quieres, ser feliz con poco o nada.

Esta felicidad está dada por las circunstancias que nos rodean, la familia, la amistad y el amor. Nacer y respirar Cuba te enseña a ser feliz con lo que te toque, sin envidiar lo que otros tienen; durante toda tu infancia no vas a tener más que una muñeca de trapos, un juego de yaquis, y un pedazo de cuerda plástica para saltar, al que llamamos suiza.

Nacer en Cuba significa aprender a ser feliz sin cosas materiales, sin unos tenis de marca Nike o Adidas para ir a la escuela a aprender, porque un buen maestro siempre se preocupará por tu enseñanza. Es poder correr y jugar por las calles de tu barrio sin ningún peligro, porque siempre hay un vecino que cuidará de ti.

Los primeros años de mi vida, los viví en la humilde casa que aparece en la foto, donde el piso era de tierra, pero gracias a mi madre, que tanto limpiaba, logró sacarle brillo y parecía cemento. Los primeros cinco años de vida, en esa humilde casa viví rodeada de amor, porque mis vecinos eran mis tíos, abuelos y primos, y mi mayor diversión era montar mi caballo tuerto, bañarme en el río, y correr por la finca de mi abuelo atravesando los sembrado. Vivir en Cuba es usar las ropas confeccionadas por tu abuela con retazos de tela, y sentirte elegante sin importar que no tengan marcas.

Yo tenía un sueño

Nacer en Cuba es un privilegio! aunque hay sueños infantiles casi inalcanzables y donde comprar juguetes era casi un lujo.

Durante toda mi infancia, allá por los años 70s, los juguetes solo se vendían una vez al año. Nada de Navidad o de los Reyes Magos. Siendo mi bella isla socialista y atea, la venta de los juguetes se hacía en el mes de junio. Donde solo te daban derecho a comprar tres juguetes: el básico (la mejor calidad), no básico (no tan buenos) y dirigidos (algo corriente).

La llegada del mes de junio generaba gran alegría, para cualquier niño cubano. Días antes de la venta, exhibían en las vidrieras los juguetes, despertando todo tipo de ilusiones. La mía siempre fue tener una muñeca. Después, hacian sorteo público quedando organizado el orden que comprarías los únicos tres juguetes, con los que jugarías todo el año. A mi hermano y a mí, con tan mala suerte, siempre nos tocaba comprar el último día, y a las últimas horas. Los primeros en comprar siempre adquirían los mejores juguetes.

Aún recuerdo un año, donde solo alcancé juguetes de varones, yo, ilusionada con una muñeca y me tocó jugar con carritos. Todos mis vecinos y amigos siempre compraban el primer día, ellos compraron bicicletas, instrumentos musicales, muñecas, yo me conformaba con un carro, una pistola y bolas para jugar en la calle con mi hermano y sus amigos. Pero a pesar de todo era feliz, porque nunca perdí el sueño de cargar y cuidar a una muñeca.

Mi padrino Lulo Calvi, siempre me prometió regalarme una muñeca, y yo, feliz, esperaba que esto sucediera algún día. En cada una de sus visitas yo esperaba mi regalo, pero él siempre me decía que la muñeca aún no estaba madura. Así fueron pasando los años y nunca pude comprar mis juguetes el primer día, así como tampoco recibí el regalo de mi padrino, ya que según él la muñeca no estaba madura. Cuando cumplí mis 14 años, todavía inocente, yo pregunté por mi muñeca. No puedo olvidar ese día, cuando Lulo me respondió que la muñeca ya estaba madura, pero ya no tenía edad para jugar con muñecas.

Sentí que moría, ya que nunca logré mis sueños. Fue un trauma irreparable, pero comprendí que hay sueños que son inalcanzables. A mis 49 años, aún recuerdo mi gran sueño, le doy gracias a mi padrino que en paz descanse, porque a pesar de todo logró mantener siempre vivo mis sueños de infancia.